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Perú y EE.UU. definen estrategia para enfrentar El Niño
Mercados

Perú y EE.UU. definen estrategia para enfrentar El Niño

Gestión21 de agosto de 2026Cortesia de Gestión

Según Gestión, el fenómeno de El Niño ha comenzado a intensificarse en Perú, generando amenazas crecientes para sectores económicos clave, especialmente para bodegas y pequeños comercios. Las precipitaciones severas, inundaciones y deslizamientos amenazan la infraestructura de estos negocios, poniendo en riesgo tanto el almacenamiento de mercancías como el tránsito de clientes. Incluso un breve cese en operaciones puede derivar en pérdidas irreversibles, dado que el mercado de alimentos y productos de primera necesidad depende de cadenas de suministro constantes. Las rutas bloqueadas por daños naturales retrasan los movimientos logísticos, lo que incrementa los costos de transporte y afecta la disponibilidad de bienes en tiempo real.

Los productos perecibles, como frutas, lácteos o verduras, son particularmente vulnerables, ya que requieren distribución inmediata. Cualquier retraso en su entrega compromete su calidad y, por ende, su venta. Esto no solo reduce la oferta disponible, sino que también limita la variedad de productos que pueden ofrecerse en los puntos de venta. Con el abastecimiento reducido, los precios de estos artículos tienden a subir, lo que impacta directamente tanto a pequeños comerciantes como a los consumidores en zonas afectadas.

Martín Valencia, experto en economía del Instituto Peruano de Economía (IPE), resalta que las bodegas enfrentan dos tipos de riesgos: uno indirecto, derivado de desequilibrios económicos y logísticos generados por el evento climático; y otro directo, relacionado con daños físicos a sus instalaciones. Las unidades ubicadas cerca de ríos, quebradas o zonas inundables son las más expuestas. En regiones como Tumbes, Piura y Lambayeque, el comercio —incluyendo bodegas— representa aproximadamente el 15% del empleo total. Este dato subraya la importancia de que las políticas de respuesta a El Niño no solo protejan bienes, sino también sostengan empleos en comunidades vulnerables.

Para el lector peruano, este escenario no es solo un problema climático, sino una amenaza económica real. Las familias que viven en zonas afectadas podrían reducir sus gastos por inseguridad o falta de acceso a mercados, lo que afecta el flujo de ingresos en estas zonas. Además, los pequeños comercios, muchos de los cuales operan con margen de utilidad reducido, carecen de herramientas para anticipar o mitigar estos impactos. Aunque el gobierno y el sector privado ya están en diálogo para coordinar acciones, la necesidad de un enfoque proactivo —con planes de contingencia, respaldo logístico y apoyo financiero— se vuelve crítica. En un país donde el comercio local es un pilar de la economía regional, la resiliencia de estos negocios será clave para mantener la estabilidad social y económica frente a eventos climáticos.