Segun ECB Press (Banco Central Europeo), en el año 2026 el efectivo sigue siendo la forma de pago más extendida en el área del euro, con el 92% de las empresas que tienen puntos de venta físicos que lo aceptan. Este porcentaje aumenta ligeramente respecto al 90% registrado en 2024, indicando una recuperación tras una caída observada durante y en los años posteriores a la pandemia. Los sectores de comercio minorista, restaurantes, cafés, hoteles y actividades recreativas mostraron una tasa de aceptación similar. Aunque el uso de tarjetas permanece estable alrededor del 88%, el crecimiento de los pagos por móvil se volvió notable, pasando de un 36% a un 68% en los mismos años. Este avance en tecnologías digitales se acompaña de iniciativas empresariales, con el 25% de las firmas que han adoptado medidas para fomentar pagos sin efectivo, como invertir en cajas que acepten pagos digitales o reducir el número de cajas que permiten el efectivo. En total, 13% de las empresas han implementado terminales de autogestión de ventas. Las razones que guían estas decisiones son principalmente la preferencia del consumidor, la seguridad y la facilidad de manejo. A pesar del avance de los pagos digitales, las empresas continúan valorar el efectivo por su naturaleza privada y su confiabilidad. El estudio, que abarca 8.205 empresas en los 21 países del euro, se desarrolló entre febrero y abril de 2026.
Para los ciudadanos del Perú, este panorama ofrece una reflexión clave sobre el equilibrio entre modernización y accesibilidad. Aunque los pagos digitales crecen en varios países, el efecto de la pandemia y la infraestructura de acceso a tecnología han dejado una huella significativa en el comportamiento de consumo. En el contexto peruano, donde la mayoría de los ciudadanos aún dependen de medios de pago tradicionales, el efecto de este comportamiento europeo puede servir como una referencia. Aunque el uso de tarjetas o aplicaciones móviles aumenta en ciudades como Lima, muchos sectores aún operan con efectivo por razones de sencillez, cobertura y confianza. La experiencia europea demuestra que, incluso con avances tecnológicos, el efectivo no se ha eliminado, sino que ha ganado espacio en escenarios donde la privacidad y la confiabilidad son prioridades. Para los pequeños comercios, la decisión de aceptar efectivo no solo es práctica, sino también una estrategia de asequibilidad y estabilidad frente a cambios tecnológicos que pueden no ser universalmente accesibles. Este dato puede orientar a las políticas públicas en el desarrollo de infraestructuras digitales sin sacrificar la inclusión financiera de los más vulnerables.
