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Defensa americana: ¿puede el presupuesto reducido salvarla?
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Defensa americana: ¿puede el presupuesto reducido salvarla?

Forbes Business25 de mayo de 2026Cortesia de Forbes Business

Según Forbes Business, los líderes del sector de tecnología militar en Silicon Valley y más allá confían firmemente en que pueden alcanzar capacidades hasta ahora inalcanzables, a costos inferiores a los de empresas tradicionales de defensa como Lockheed Martin o RTX. Este optimismo se sustenta en ejemplos concretos: la suplantación de Boeing y Lockheed Martin por SpaceX en el suministro de lanzaderas para el ejército estadounidense, o la posibilidad de que drones, más económicos que los aviones de combate pilotos como el F-35, ofrezcan funcionalidades de combate aéreo. Palmer Luckey, fundador de Anduril, elevó esta idea a un escenario extremo al afirmar ante un entrevistador de CNBC que, si el Pentágono dejara de comprar "las cosas equivocadas", el país podría estar protegido con un presupuesto anual de 500 mil millones de dólares —es decir, la mitad del gasto actual y un tercio del monto solicitado por la administración de Trump. Precisamente, señaló: “Necesitamos organizar mejor nuestras prioridades para que todo lo que hoy cuesta 1.5 trillones de dólares pueda lograrse por menos de un trillón”. Aunque esta visión parece plausible, la reducción de ese monto no podría lograrse simplemente al disminuir el gasto en armas. Se necesitaría una reestructuración del tamaño de las fuerzas armadas, así como una estrategia más realista, que abandone la idea de poder intervenir en cualquier parte del mundo con escasa advertencia. Luckey propone que Estados Unidos priorice que sus aliados tengan las herramientas para protegerse por sí mismos. Sin embargo, esta estrategia plantea dilemas éticos: se exigiría una selección más crítica de socios, para evitar apoyar conflictos como la campaña de Arabia Saudita en Yemen o el conflicto masivo en Gaza.

Para el lector peruano, este escenario ofrece una reflexión útil sobre la eficiencia del gasto público. Mientras que el mundo de la defensa se mueve hacia tecnologías más accesibles, el Perú también enfrenta retos en la asignación de recursos. El país ha incrementado sus inversiones en seguridad, pero muchos de estos proyectos carecen de un análisis estratégico profundo. La experiencia de Estados Unidos sugiere que una reducción de gastos no implica solo eliminar armas, sino reevaluar la visión de seguridad: ¿qué se protege realmente? ¿Con qué herramientas se puede garantizar la defensa nacional sin alimentar conflictos regionales? En un contexto de escasez de recursos, el Perú podría aprender de esta dinámica: priorizar tecnologías sostenibles, fomentar la capacidad de sus regiones para responder a amenazas locales y evitar apoyos que amplíen tensiones. La defensa no es solo una cuestión de armas, sino de estrategia, equidad y responsabilidad.