Según arXiv q-fin, un estudio reciente presenta una metodología innovadora para medir el impacto de la automatización en distintos puestos de trabajo y economías, con datos que abarcan 124 países y 2.33 millones de etiquetas de tareas por país. Este análisis se centra en desglosar cómo la automatización sustituye o potencia el trabajo humano, y en qué medida cada tipo de tecnología —especialmente el de inteligencia artificial— influye en distintos contextos económicos.
El nivel de exposición a la automatización varía drásticamente entre naciones: en Sudán del Sur, solo el 3,3% de las tareas están expuestas, mientras que en China alcanza el 61,6%. Esta disparidad se intensifica con el ingreso per cápita, aunque dentro de cada grupo de ingresos persisten diferencias significativas. Las tareas más afectadas tienden a ser sustituidas por máquinas, no potenciadas. Este patrón es más marcado en países de ingresos bajos, donde el impacto de la automatización en el empleo es mayor, mientras que en regiones medianas se observa una mayor diversidad en el tipo de tareas afectadas.
En los países de bajo ingreso, más del 50% de las tareas expuestas se vinculan a automatizaciones simples, como procesos repetitivos o mecánicos. En contraste, en economías de alto ingreso, esta proporción se reduce a unos cuartos, y los canales más complejos —como el uso de inteligencia artificial— aumentan progresivamente con el nivel de desarrollo. Esto indica que, aunque la tecnología avanzada es más común en países ricos, su aplicación se concentra en tareas que mejoran la productividad, no en sustituir empleos.
La inteligencia artificial se presenta como menos frecuente en los canales más básicos de automatización, pero sí más presente en sectores de empleo que sustituyen trabajadores en zonas de bajo ingreso. En economías desarrolladas, la IA tiende a potenciar el trabajo humano, integrándose en procesos que requieren juicio, creatividad o toma de decisiones. Este comportamiento sugiere que el papel de la IA no es uniforme, sino que depende del contexto económico y del tipo de actividad.
Para el lector peruano, este estudio ofrece un espejo del panorama actual: aunque el país aún está en una etapa de desarrollo tecnológico, la automatización ya afecta sectores como la manufactura, el transporte y la atención al cliente. La exposición a tareas sustituidas podría ser más alta en sectores tradicionales, como la agricultura o el servicio, donde las operaciones son repetitivas. Por ello, es clave que las políticas públicas promuevan la educación continua, la reconfiguración laboral y la inclusión de tecnologías que potencien, no sustituyan, el trabajo humano. Así, el Perú puede aprovechar el avance tecnológico sin comprometer la equidad laboral ni la estabilidad de sus empleos.